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En las entrañas del Catatumbo “semana”

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“Después de la larga noche oscura, donde el silencio cerró las puertas de la alegría, la población lloró con dignidad a sus muertos”. Dicen que se escuchó esa frase en el primer Festival de la Vida realizado en La Gabarra, hace unos diez años, para recordar a las víctimas de la violencia paramilitar que azotó a toda la región del Catatumbo. Y es la misma que los lugareños han tratado de usar, como una especie de mandala, para espantar la muerte y sembrar la paz en la región.

Pero la oscuridad parece seguir en esta rica y conflictiva zona de Norte de Santander. Eso quedó en evidencia en la última semana con la desaparición en El Tarra, el sábado 21, de la combativa periodista Salud Hernández, y el posterior secuestro de Diego D’Pablos y Carlos Melo, del Canal RCN, quienes estaban tratando de seguirle el rastro.

Lo ocurrido hizo que toda la atención del gobierno y de los colombianos se centrara en el Catatumbo y se empezara a entender por qué es, hoy en día, la zona más compleja y peligrosa del país. Una de las pocas en las que conviven las Farc, el ELN y el EPL, en donde la coca está disparada y en la que el Estado prácticamente no existe o no ha sido capaz de imponer su autoridad.

A decir verdad, a sus 288.000 habitantes, en su mayoría campesinos pobres, les es difícil saber cuándo les cayó la oscuridad. Los más ancianos creen que empezó a mediados del siglo XX con las primeras explotaciones petroleras, que llevaron a los empleados de la Colombian Petroleum Company (Colpet) a cazar a los indígenas motilones barí que se oponían con flechas a que invadieran sus tierras ancestrales. El petróleo sería el principal motor para colonizar muchos de estos parajes, pero también el combustible de grandes conflictos. Otras personas creen que comenzó con la violencia entre liberales y conservadores, o con las luchas sindicales de la USO y las asociaciones campesinas que han tratado de atraer la atención del Estado para que les ayude con vías, vivienda, salud, educación, y demás auxilios.

Pero otros, especialmente los más jóvenes, creen que la noche arreció en los años ochenta, con la expansión de las guerrillas y la coca. Tal vez el primero en llegar, o tal vez en regresar, fue el ELN, por dos rutas: una, desde Arauca, siguiendo el camino del petróleo de Caño Limón, detrás de la construcción del oleoducto que va hasta Coveñas. El mismo que le generaría grandes recursos para adelantar su proyecto revolucionario. Y la otra, desde el sur de Bolívar. Un exmilitar, que combatió en la zona varios años, dijo a SEMANA que los elenos tenían en el Catatumbo una especie de centro de aprovisionamiento y de retaguardia, que les permitía moverse fácilmente en varias regiones y obtener pertrechos de la Guardia Nacional de Venezuela. Allí estaba el campamento madre del legendario cura Manuel Pérez y era un importante centro de operaciones, en especial para atentar contra el oleoducto.

Por esos años empezaron a aparecer plantaciones, primero de marihuana y después de coca. El investigador Alfredo Molano dijo, en un reportaje, que sembraron los primeros arbustos en La Gabarra y rápidamente se extendieron por Filogringo, Teorama, Convención, El Carmen, San Calixto, El Tarra y Hacarí. Todos, el comercio, el transporte, la guerrilla, las autoridades civiles y militares y los campesinos se beneficiaron con esa bonanza.

Las condiciones climáticas hacen que en el Catatumbo se registre el más alto rendimiento de hoja de coca en el país: 5,500 kilogramos de hoja por hectárea al año, según el Simic. Es donde mejor se paga la hoja y donde más se produce cocaína, después del Pacífico y del Putumayo. Solo en La Gabarra, que nació como un pequeño puerto petrolero, llegaron más de 15.000 personas a vivir de la coca.

A comienzos de los años noventa, después de la desmovilización del EPL, una disidencia denominada frente Libardo Mora Toro se asentó en la zona, especialmente en Hacarí, La Playa de Belén, El Tarra y San Calixto. Los tres grupos lograron convivir gracias a que se repartieron Catatumbo. Había tanta coca, tanta riqueza del contrabando y tanta plata, que había espacio para todos.